miércoles, 13 de mayo de 2015

Versos melancólicos

Cierro los ojos, suspirando con antelación.
No las dejaré derramarse, no de nuevo.
Muerdo mi labio y aprieto los puños.
Las llagas en mis muñecas arden y son,
en cierta forma, las heridas que menos duelen.
Sorbo la nariz, dejando escapar un leve sollozo.
Sin darme opción lo hacen, se derraman.
Recorren a través de mis mejillas,
caen desde mi barbilla,
rozan mi clavícula
y acaban en el cuello de mi blusa, humedeciéndola.

¿Qué más puedo hacer?
Me has dejado anhelando volver a rozar tus labios,
tocar tus manos, oír tu voz, darte todo de mí
en una extraña mezcla de ternura y rebeldía.
Y es que, eras tú quien me hacía creer en la humanidad,
con tu loca cordura me lograbas convencer de todo,
de que dos y dos son cinco, de que el cielo es magenta,
de que los perros maúllan y los cerdos vuelan.